¿No estáis en otoño más llenos de odio que en cualquier otra época del año? Yo sí.
Tormentas que se acercan. Solo los dioses ven las tormentas así, bellas, desde el aire, flotando entre las nubes. Se saturan los oídos entre el ruido crudo de la incertidumbre. Tan frágiles, tan efímeros que da lástima siquiera seguir adelante. Será el recuerdo del amor en la infancia lo que nos fuerza a tener instintos y sobrevivir aun cuando no queremos. Ingrávidas, mis lágrimas, reflejan los remordimientos como un espejo curvo e infinito. B.
Comentarios
Cual doctor enorgulleciéndose de su amor por la misantropía, y en consecuencia con la actual (e irónica) tendencia social, medito asombrado acerca de la capacidad del ser humano para limpiarse de culpa y no verse reflejado en aquellas descripciones que no convienen a su autoestima; y sobre la capacidad (¿necesidad?) infinita de odio del hombre.
La mía, digo.