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Lanzarote

La sensación es parecida al frío, como cuando te entra nive en las botas y los pies empiezan a congelarse, sientes un calor intenso, que casi te quema, mientras el frío se te clava como un millar de agujas en cada centimetro de piel. Caminas, pero cada paso es un tormento indescriptible aún mayor que el anterior... y dudas, aunque sabes que cada paso te acerca mas al calor de la estufa que te devolverá el tan necesario calor piensas en rendirte a cada paso y dejar que el frío haga su trabajo y te envuelva, arrastrándote al vacío, camino del olvido, que alivie el dolor y al final puedas descansar, alzas la vista y las lágrimas te tus ojos llorosos también se congelan, el camino a la salvación se alagra y todo a tu alrededor se oscurece y es entonces, solo entonces cuando reparas en que alguien, mas fragil, camina de rodillas a tu lado, intentando llegar a la misma puerta que tu y ves que en su alfeizar alguien espera su llegada, y es en ese momento en el que te das cuenta que no llegará sin tu ayuda.

Aprietas los dientes y romper el hielo, intentas negar el dolor y la tomas en brazos, caminas, cada paso es mas doloroso, pero debes llegar. Cuando llegas el la abraza y la arropa, le da el calor que necesita y en ese momento, mientras calientas tus pies en la estufa eres consciente de que ese frío no te abandonará nunca.

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