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El extraño desfile

Anoche estaba tumbado en la cama escuchando música. Mi habitación está debajo de la escalera, y desde mi cama puedo mirar al techo si me pongo boca arriba (como en todas las camas, supongo). De repente, empecé a oír pasos sobre mí, y detuve el reproductor. En efecto, alguien bajaba las escaleras: mucha gente, y por el ruido que hacían pude deducir que eran personas de seis piernas, o quizás de siete. Casi podía ver las onomatopeyas de sus pisadas en la escayola. Era más bien un tamborileo caótico, sin el ritmo bien marcado de los bípedos.
Salí de mi habitación, porque es un gran espectáculo ver pasar a los señores que bajan la escalera, con sus paraguas y sus trajes blancos y rojos. Son increíblemente altos, gracias a que sus piernas son muy largas. Una de las señoras calzaba tacones, y podía apreciarse en ella que los movimientos de sus piernas eran más delicados que en los demás, lo cual me producía una tremenda repugnancia al mismo tiempo.
Me situé en el ojo de la escalera, y miré hacia los pisos de arriba. Algunos caminantes se agarraban a la barandilla de hierro con sus manazas, y otros flexionaban algunas de sus rodillas de forma exagerada.
Poco a poco todos se fueron marchando y al final el edificio quedó vacío, y yo me quedé solo sobre el suelo ajedrezado, como quien acaba de contemplar la migración de las jirafas.

Comentarios

Campi ha dicho que…
No tengo palabras... algun día republicaras el post que n nos dió tiempo a leer a muchos de nosotros, por el que sustituiste aquello de:
- Estoy mal de la cabeza. y que ahora tambien ha desaparecido?
Tyhwer ha dicho que…
Ajedrezado, tamborileando... ¡Níveo!

Tu turno.
Ginkarasu ha dicho que…
Presea.

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Con los dedos de la mano y los dedos de los pies la polla y los cojones todos suman veintitres.