Arena sobre cielos azul celeste, arena sobre sombras, arena sobre DIOS ahogado en el pozo de los deseos, arena sobre cristo sepultado por pecadores redimidos, arena sobre el agua pura hundida, llevada a los confines del mundo hasta la muerte de uno mismo, donde el dios benevolente encierra la ira que descarga bajo un manto de ¿bondad? La arena no salva, solo confunde. Oradores de almas puras. Demonios divinos. Ángeles envidiosos, espectros cansados de seguir vagando por la senda del infierno. Deudores que cargan con los lastres del momento. Caprichosos que mueren por la boca. Cínicos que se ironizan sobre sí. Soberbios muertos antes de nacer. Ingenuos que juegan a ganar . Inocentes que se vuelven culpables a los ojos del mundo y culpables como santos en tribunales. Despiadados cancilleres del oficio de la voz. Sangrientos forasteros de otro tiempo que buscan en la muerte la verdad. Pensadores asesinos de verdades... nada más que oscuridad
Tormentas que se acercan. Solo los dioses ven las tormentas así, bellas, desde el aire, flotando entre las nubes. Se saturan los oídos entre el ruido crudo de la incertidumbre. Tan frágiles, tan efímeros que da lástima siquiera seguir adelante. Será el recuerdo del amor en la infancia lo que nos fuerza a tener instintos y sobrevivir aun cuando no queremos. Ingrávidas, mis lágrimas, reflejan los remordimientos como un espejo curvo e infinito. B.
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