Y dijo el profeta Enigmátides: "Llegará un día en que las cuatro gaitas de la muerte se levantarán de los océanos, y los oídos de aquellos que despreciaron la música celta conocerán la agonía de la estridencia y sus cabezas estallarán. Y llegará un día en que el alma carbonizada de los topos desenterrará su hacha sanguinaria y talará las piernas de los hombres y prenderá fuego a sus camas. Y llegará un día en que los falsos ateos arderán en el infierno de los supersticiosos. Y llegará un día en que los afrancesados serán guillotinados por una horda de pâlètés sin parfum, cuyos rostros cejijuntos espeluznarán a la luz de la ilustración y la civilización".
Tormentas que se acercan. Solo los dioses ven las tormentas así, bellas, desde el aire, flotando entre las nubes. Se saturan los oídos entre el ruido crudo de la incertidumbre. Tan frágiles, tan efímeros que da lástima siquiera seguir adelante. Será el recuerdo del amor en la infancia lo que nos fuerza a tener instintos y sobrevivir aun cuando no queremos. Ingrávidas, mis lágrimas, reflejan los remordimientos como un espejo curvo e infinito. B.
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