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Llamamiento solemne

Doctor P. Hurensohn, Mag.Phil., Alto Representante de la Isla Gilipollas ante las Naciones Unidas:
En el Parlamento de la Nación gilipollense acordamos hace tiempo cumplir el protocolo de Kyoto. En consecuencia, y dado que no padecíamos de la nociva lacra del humo del tabaco, prometimos evitar en todo lo posible la expulsión de ventosidades tóxicas a la atmósfera (reitero: en todo lo posible, por favor, no se muestren muy severos con nosotros en ese aspecto).
Asimismo, dimos nuestra palabra de entregar el 0,7% de nuestro PIB a los países pobres. Gracias a nuestros ciudadanos, tres cuartos de una persona poseen algo con que cubrir su desnudez en Somalia y en Bangladesh doce familias tienen la oportunidad de leer 127 páginas de El hobbit.
Hasta ahí siempre habíamos actuado confiando en la infalibilidad de la comunidad internacional. Cuál fue nuestra sorpresa al comprobar que durante el pasado mes el nivel del mar engulló un islote integrante del territorio nacional, notable por su valor histórico al haberse convertido en el refugio de la oposición moderada durante el temible régimen del Rulo y el Rodillo. Además, debido a este funesto suceso, dos cabras silvestres han quedado sin hogar. Toda la flora local pereció.
Nos unimos así a la queja formulada por las repúblicas insulares de Kiribati, Tuvalu y Samoa Occidental contra el resto de los países aquí representados. En caso de que no accedan a nuestras primarias peticiones, amenazamos con embargarles comercialmente a todos ustedes.


(Este llamamiento quedó registrado en el tomo III del día 30 de septiembre de 2005, 5ª sección del piso 32º del Archivo de las Naciones Unidas. Ningún periódico se hizo eco de la noticia. El discurso fue escuchado por un total de siete personas, entre ellos el moderador de la sesión y el propio doctor Hurensohn).

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