En la Isla Gilipollas no hay Bolsa, no hay personas jurídicas y no hay productos financieros. En la Isla Gilipollas no hay bienes de consumo, porque hay dátiles, plátanos y cocos. El Banco de la Isla Gilipollas es una casa donde vive un judío que cambia cabras por dátiles, plátanos o cocos. En la Isla Gilipollas nadie sabe qué es el capitalismo o el comunismo. Las empresas no tienen sede en la Isla Gilipollas porque la Isla Gilipollas no es rentable y no tiene mercado de servicios ni de factores. En la Isla Gilipollas no hay impuestos, no hay Seguridad Social ni Educación Primaria y no hay órdenes monásticas mendicantes. Ni siquiera hay trampillas, porque el dinero para construirlas no existe.
Tormentas que se acercan. Solo los dioses ven las tormentas así, bellas, desde el aire, flotando entre las nubes. Se saturan los oídos entre el ruido crudo de la incertidumbre. Tan frágiles, tan efímeros que da lástima siquiera seguir adelante. Será el recuerdo del amor en la infancia lo que nos fuerza a tener instintos y sobrevivir aun cuando no queremos. Ingrávidas, mis lágrimas, reflejan los remordimientos como un espejo curvo e infinito. B.
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