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De aberrationis macroeconomicorum

En la Isla Gilipollas no hay Bolsa, no hay personas jurídicas y no hay productos financieros. En la Isla Gilipollas no hay bienes de consumo, porque hay dátiles, plátanos y cocos. El Banco de la Isla Gilipollas es una casa donde vive un judío que cambia cabras por dátiles, plátanos o cocos. En la Isla Gilipollas nadie sabe qué es el capitalismo o el comunismo. Las empresas no tienen sede en la Isla Gilipollas porque la Isla Gilipollas no es rentable y no tiene mercado de servicios ni de factores. En la Isla Gilipollas no hay impuestos, no hay Seguridad Social ni Educación Primaria y no hay órdenes monásticas mendicantes. Ni siquiera hay trampillas, porque el dinero para construirlas no existe.

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Con los dedos de la mano y los dedos de los pies la polla y los cojones todos suman veintitres.